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jueves, agosto 03, 2006

Cronicas marcianas

Por causas ajenas al activismo político, fui de visita al centro de la ciudad de México. Desde el momento que llegué a la estación del metro donde comenzaría mi viaje se apodero de mí un sentimiento de profunda curiosidad pues sabía que estaba encaminándome a las fauces del león. Iba en ruta a la guarida de ese potente movimiento político que puede arrejuntar a 3 millones de manifestantes cada domingo.

Paréntesis. Veníamos muy animados en el metro mi bella acompañante y yo (aunque más bien era yo su no tan bello acompañante) platicando de todo y nada. En algún instante entre el metro Juárez donde descendimos y el momento en el que caí en cuenta que nadie más, NADIE, en todo el vagón hablaba salvo mi interlocutora y yo, se apresuro a tomar el vagón un soez indigente, de esos que no abundan en la ciudad de la esperanza. Haciendo pompa de su carácter demencial golpeó la puerta con saña para alertarnos a su presencia, sobra decir que eso era innecesario ya que el acre olor de un indigente es inconfundible y en este caso particular por demás penetrante y de largo alcance. El susodicho personaje prosiguió a recorrer el vagón haciendo aspavientos y vituperando en tono agresivo algo ininteligible. La dinámica del comportamiento humano fue predecible. Próxima estación: deserción en masa.

Una vez que llegamos a nuestro destino recorrimos un buen tramo de la avenida Juárez absorbiendo el panorama para no perder detalle de la realidad de nuestra ciudad, antes de que la lluvia nos obligase a refugiarnos en los cómodos sillones del Starbuck’s de la Alameda. Mientras degustábamos, yo un café y mi acompañante una de esas malteadas sabor café con las que lucra la franquicia de Seattle, seguimos contemplando a través del gran ventanal el espectáculo afuera. Me pareció un ejercicio interesante, ver a la gente primero desde la calle y luego contemplar el mundo exterior a través de esa pecera, ahí, en la comodidad de uno de los bastiones de la globalización y del “terrorismo cultural” norteamericano. Fui uno con mi burguésito interno.

He aquí lo que vi.


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No es un movimiento del pueblo y para el pueblo, falacia, el daño económico impacta primero a los empleados y no a los empresarios. La cartelera de actividades culturales que pregona AMLO es magra. Yo al menos, no considero que un grupo de sexagenarios jugando domino mientras otros, más jóvenes, cascarean entre porterías formadas con cascajo, sea un festival cultural. Tenia más aire de festival el delicioso sonido de jazz que provenía de una bocina destartalada propiedad de un vendedor ambulante de CD’s piratas en la esquina de Juárez y Balderas. Sí, uno de esos empresarios del pueblo que contribuyen al progreso del estado no con sus impuestos si no con algo más preciado; unidos aglutinan un grupo de presión formidable solo superado por el de las panteras.

Muchos, muchos comercios permanecen cerrados, los que no, permanecen vigilantes con una mano presta a hacer bajar el enrejado metálico y un ojo en la calle. El Hotel Bamer, que me comenta mi acompañante tiene desayunos respetables a precios accesibles parece abandonado.

Todo esto cortesía de un puñado de creyentes. Un puñado no más. No sé si AMLO convocó a 3 millones ó a 150,000 capitalinos. Si sé, y constato de viva voz que aquellos que mantienen paralizada a la ciudad, al menos en el tramo de la Alameda son, siendo generoso, no más de 800. Abundan las carpas de 30 metros cuadrados con 4 ocupantes y las más pequeñas están vacías o con un solitario representante. La mayor concentración de gente la vi a eso de las 5 de la tarde cuando se congregó una pequeña muchedumbre en el hemiciclo a Juárez de unas 50 personas alrededor de alguien que portaba un megáfono. No me detuve a escuchar.

Todas esas carpas, una cada 10 metros, y vadeando algunas tiendas de campaña se ubican sobre el nuevísimo concreto hidráulico de la avenida Juárez. Bien podrían colocarse, y con holgura sobre la Alameda, sin embargo esto no seria práctico pues no lograría el cometido de entrometerse en la vida de la ciudad. Vale la pena apuntar algo sobre la logística de este plantón. La electricidad la roban impunemente al instalar diablitos en cada esquina y como Juárez es una avenida amplia a veces no encuentran donde anclar la carpa, entonces que mejor que abrir un boquete a cincelazos y mazazos en el concreto que es 10 veces más duro y 30 veces más caro que el asfalto normal. Grandes tinacos de agua potable se asoman en una carpa junto a lo que parece la infraestructura de una larga cocina de comida corrida. Cómo se fletean el agua y los víveres al campamento, con que dinero y con que infraestructura no lo puedo yo aseverar.

También tuve tiempo de admirar las obras de arte propagandístico colocadas sobre la acera de Juárez y de la Alameda. Aunque es reprobable que algún vándalo tasajeara estas invaluables obras, he de decir que sus mensajes no son más que un reflejo mecánico del lopezobradorismo, conforman una trascripción estilizada de su inconsistente discurso. A esto se suman hojas de cuaderno, cartulinas y plásticos con mensajes bastante más combativos que han ido dejando a su paso los feligreses. “Felipe se coje a Fox por el culo y le vomita a los mexicanos. Mereces morir” Signos de puntuación más signos menos, es lo que se lee en una tapa de cartón rubricada con plumón Esterbrook®.

Finalmente un joven vestido de amarillo y negro patrio me pidió mi firma para “apoyar al movimiento” y me miró con disgusto y sospecha al escuchar mi negativa.

Así fue. No puedo informar sobre el resto del plantón. Pero basándome en los principios de la estadística muestral y considerando que de acuerdo a Google Earth el tramo en cuestión de la avenida Juárez mide 0.97km, infiero que la situación es muy similar en el resto de las calles secuestradas.



No nos engañemos. La violencia toma muchas formas no solo la física y esta resistencia civil pacifica no lo es más. La resistencia violenta mis derechos y los de todos mis conciudadanos. Alejandro Encinas en flagrante derrelicto de sus deberes se ha vuelto el gobernante de solo algunos cuantos chilangos. No me hablen de sensibilidad hacia el derecho a la libre manifestación porque eso es una gran hipocresía y no es más que un sofisma. Se ha instalado en esta ciudad la dictadura de la minoría, una minoría que es guiada por un puñado de políticos que emplean las mejores tácticas del manual del PRI. Pretenden secuestrarnos. Se alimentan de la ignorancia colectiva y promueven el progreso de esa ignorancia. Se vive en esta ciudad un oscurantismo ideológico que me estremece hasta la médula.

“No se puede intercambiar un apretón de manos con el puño cerrado”

~ Mahatma Gandhi

Posted by Geos @ 17:59

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